Después de unos años regresé a Bulgaria con un sueño: construir mi propia casa y mi propio taller. La casa se encuentra en su fase final y el taller está comenzando.
Ese hogar está cerca de Dobrovo, un hermoso pueblo en un rincón especial de Bulgaria, a unos 100 km de Grecia, a 30 km de Macedonia del Norte, a 50 km de Serbia y a unos 100 km de Sofía.
El nombre Dobrovo transmite el sentimiento de la palabra búlgara “dobro”, que significa bueno, amable y generoso. La gente local dice que cuando Ivan Rilski pasó por aquí, lo llamó Dobrovo porque la gente allí era buena y acogedora.
Aquí es donde me imagino mi taller soñado: vistas a las montañas afuera, pájaros cantando alrededor y máquinas adentro convirtiendo las ideas en cosas reales.